Un año después del devastador
 seísmo del 12 de enero de 2010

 Ha pasado ya un año desde el violento seísmo que devastó Haití el 12 de enero de 2010. ¿En qué condiciones evoluciona el pueblo haitiano un año después? Inquietudes, frustraciones, desasosiego, estos son los sentimientos que se leen en el rostro de muchas personas. El país llora y sufre todavía de las heridas de la catástrofe del 12 de enero de 2010 que causó la muerte de más de 300.000 personas y dejó  2.000.000 de supervivientes en mala situación. La destrucción de las infraestructuras políticas, sociales, educativas y económicas de los departamentos más afectados paralizan el país. A pesar de los esfuerzos del gobierno haitiano y de la comunidad internacional a través de las ONG, las secuelas son enormes.

A primera vista, se puede pensar que no se ha hecho casi nada. Pero todo se ve de manera diferente cuando se toma conciencia de la amplitud del desastre que sobrepasa la capacidad de un pequeño país con dificultades económicas, sociales y estructurales. Además, la ayuda internacional, organizada por las ONG, no está muy bien canalizada y lleva a muchas personas a quejarse de la ineficacia de las acciones de centenares de ONG que trabajan en el país. 

Un año después de este seísmo, más de un millón y medio de familias viven todavía en condiciones infrahumanas, en refugios improvisados y en tiendas. Esto crea incertidumbre y situaciones problemáticas. La epidemia del cólera se ha extendido por todas partes agravando la situación sanitaria del país. Los campesinos deben caminar durante muchas horas antes encontrar un centro sanitario que pueda atenderles. Muchos mueren en camino dejando tras ellos dolor y tribulación.

Por otra parte, la reconstrucción se retrasa. Este país llamado la “Perla de las Antillas”, se está convirtiendo en un país en el que las promesas que llegan de todas partes no se cumplen. Hay muchos interrogantes sobre la reconstrucción o refundación de Puerto Príncipe, la capital del país, ya que de muchas casas que se derrumbaron o quedaron muy deterioradas no se han retirado todavía los escombros.

A pesar de todo, la gente se esfuerza por salir adelante. Las calles de Puerto Príncipe están llenas de pequeños comerciantes y se están convirtiendo en una especie de sendas de selva en las que se pueden comprar y vender cualquier cosa. El precio de los productos aumenta, el pueblo haitiano sufre mucho. Las lluvias torrenciales que destruyeron la mayor parte de las plantaciones contribuyeron a empeorar la situación. Como consecuencia de estos problemas, hay, de cuando en cuando, manifestaciones contra el gobierno. En esta situación puede ocurrir cualquier cosa si los dirigentes no intervienen a tiempo.

En lo que concierne a la enseñanza, las escuelas funcionan bien en todo el país aunque hay bastantes niños que no siguen su escolaridad porque su familia no puede pagar.

Los colegios de los Hermanos del Sagrado Corazón que se hundieron, el de saint Jean l’Évangéliste y el de Canado, funcionan en los cobertizos construidos por el gobierno haitiano con un número limitado de alumnos por las dificultades para el desplazamiento y la reducción de nuestra capacidad de acogida. Muchos padres tienen dificultades para pagar la escolaridad de sus hijos porque perdieron todas sus pertenencias y no tienen empleo. En nuestros colegios tenemos un sistema de becas para ayudar a determinadas familias.

En Babiole, población cercana a Puerto Príncipe, hemos construido un auditorio que puede acoger a unas trescientas personas para las celebraciones eucarísticas del colegio Canado y para las reuniones generales de los padres de alumnos. Esta construcción servirá también para acoger el próximo curso a una parte de los alumnos del colegio Canado. En esta misma propiedad se ha construido una residencia con diez habitaciones para acoger Hermanos.

La provincia de Colombia se comprometió generosamente a reconstruir el noviciado que se hundió en el seísmo. Los trabajos de reconstrucción están en marcha.

Nuestro mayor desafío es la reconstrucción de nuestros colegios destruidos por el seísmo: el de saint Jean l’Évangéliste y el de Canado. El movimiento de solidaridad que se manifestó como respuesta a la llamada de nuestro superior general, permitió a la provincia de Haití recibir aproximadamente un millón de dólares US de las provincias de nuestro Instituto, de las fundaciones caritativas, de los alumnos y de los amigos de los Hermanos.

Las pérdidas de la provincia de Haití fueron evaluadas en ocho millones de dólares US. Ahora bien, actualmente las construcciones resultan muy caras. Se están realizando los estudios necesarios para conocer el coste y comenzar la reconstrucción de nuestras obras.

Rezamos para que Dios siga ayudándonos y podamos continuar la obra comenzada por nuestro Fundador. Que este generoso movimiento de solidaridad siga aliviando el sufrimiento del pueblo haitiano.

Una vez más, en nombre de la provincia de los Hermanos del Sagrado Corazón de Haití, agradezco a todo el Instituto de los Hermanos del Sagrado Corazón, al superior general y a sus consejeros, a los provinciales y a sus consejeros, a los Hermanos, a los alumnos, a las fundaciones, a las asociaciones, a los amigos  y a todos y todas los que de alguna manera nos han ayudado en esos difíciles momentos que vivió Haití después del seísmo del 12 de enero de 2010.

Os informaremos de la evolución de los trabajos de reconstrucción de Haití.  

Fraternalmente,

 

Hno. Jean Elithère Luxama, sc

Superior provincial

 

 

14 de marzo de 2011

Hermanos del Sagrado Corazón

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